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Historia Burrotaxi Granada

Los burros de Granada. Sin ánimo de molestar a nadie, los burros han estado muy unidos a Granada; los usaron los moriscos, los tertulianos de La Cuerda, el Padre Manjón, los arrieros y 'aguaores', En  Plaza Nueva había una especie de parada de burro-taxi regentada por Pepica allá por el año 1900. De Ruiz de Alarcón son  estos versos en boca de un arriero de su obra Las paredes oyen: Con mi albarda y mi burro no envidio nada que son coches de pobres burros y albardas. UNA BURRA CON ESTUDIOS.

El burro granadino tiene también su bonita historia unida al Sacromonte. Por lo que sabemos que el prestigioso catedrático Don Andrés Manjón conservaba en las caballerizas del Ave María por lo menos cuatro jumentos: Purchila, Paloma, Longaniza y Morena, que es en la que bajaba a Granada. Se cuenta que  fue una de estas burras la primera en entrar en la Universidad. Dicho así, daría la impresión de que el obediente animal no sería tan burro o que para entrar en tan prestigiosa institución no hay que ser muy listo.

Granada y el padre Manjón

Burro-taxi en el Sacromonte. La especial orografía de la ciudad lo hacía imprescindible sobre todo en el Albaicín y el Sacromonte; era el animal típico de los habitantes de las cuevas gitanas; y muy frecuente entre los areneros del Genil y aguadores del Avellano.Ya en la Granada mora del siglo XVI eran los arrieros los que pasaban mercancías y servicios secretos para defenderse de los cristianos. Dicen que los componentes de la tertulia La Cuerda Granadina subían a la Alhambra como en procesión a lomos de burros. Y es que resulta que, en  un muy lluvioso día del mes de abril de 1.900, era tal la  cantidad de agua que caía que el Padre Manjón no quiso  dejar la burra en la calle; pensó en meterla en el recinto universitario y buscarle mejor cobijo.

Es la primera noticia que tengo de que la Universidad haya servido de protección a un burro. La primera, no la última. Aunque cuando murió la burra Morena por poco le levantan un monumento.Desde siempre se ha considerado a este modesto animal como el símbolo de la humildad, la paciencia y el coraje; otros lo identifican con la ignorancia; y es que a veces al humilde lo creen tonto y al paciente, ignorante.Aparece en nuestras literatura más castellana: era el Rucio de Sancho Panza, el burro Lucero de Alarcón en su viaje por las Alpujarras, el Platero de Juan Ramón Jiménez y el Lucero de Cela en La Alcarria.Sin ánimo de ofender a nadie, el burro y el burrotaxi ha estado muy unido a la ciudad de Granada.

Un burro en la universidad

Un Burrotaxi en Plaza nueva Se dice que existía en Plaza Nueva una especie de parada de burro-taxi regentada por Pepica, la de las burras, allá por el año 1.900; su  misión era alquilarlos por unos céntimos para facilitar la subida al Albayzín.Los viajeros eran acompañados por unos niños que luego bajaban el burro al trote por la cuesta del Chapiz. No fue sólo Manjón el único cura que viajaba en burro; yo llegué a conocer a Don Antonio Gómez, profesor de Ciencias,que también bajaba a Granada en burra, allá por 1960; su habitación en el Sacromonte era un auténtico laboratorio de Ciencias.

José Cortes, alumno que fue de Don Antonio, en sus preciosos comentarios sobre la obra del pintor y poeta granadino Torre Morenilla, dejó escrito esto: "Don Antonio era además un científico de los de antes, a veces en las clases nos hablaba de sus descubrimientos de laboratorio. Su habitación era un zoológico. Siempre en burra y con su manto, a los gitanillos les daba caramelos", al tiempo que les decía: "para que os endulcen la vida, que bien amarga es".Esta otra aventura tiene también como protagonista a un catedrático de nuestra Facultad de Medicina, y no a un burro sino a unos caballos.Se trata del doctor José Martín Barral ,  padre de la poeta Elena Martín Vivaldi. Se dice que cuando el médico sacó la cátedra era llevado a las clases por su propio padre que era cochero. Dicen que al pasar por  calle Mesones gritaba, con afán de ser oído por todos los viandantes: ¡apartad, apartad, que llevo a mi hijo que es catedrático!

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